Productores de la Región de O’Higgins aprenden a integrar la biodiversidad a sus predios frutícolas

Escrita el 24 abril, 2018, 8:42 am
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Con un “Día de Campo” en el fundo Maitenco, ubicado en San Vicente, el equipo de investigadores de la Pontificia Universidad Católica de Chile que lidera un novedoso proyecto que espera garantizar la sustentabilidad y el cuidado del medio ambiente, explicó a los trabajadores del lugar cómo se implementó esta iniciativa y el impacto que generará en los cultivos.

Durante una soleada mañana de otoño se realizó en el predio Maitenco de la exportadora Subsole, ubicado en el sector de Pencahue, en la comuna de San Vicente de Tagua Tagua, el último “Día de Campo” de un novedoso proyecto que busca integrar la biodiversidad a la producción frutícola de la Región de O’Higgins.

Este proceso­- liderado por un equipo interdisciplinario de investigadores y profesionales de la Pontificia Universidad Católica de Chile, junto al Centro de Ecología Aplicada y Sustentabilidad (CAPES UC), la empresa antes señalada y Primafrut- se traduce en la implementación de acciones que permitan que la agricultura sea sustentable y más amigable con el medio ambiente, una de las principales exigencias de los mercados extranjeros, a la hora de comprar fruta en nuestro país.

Así lo explica el Dr. Eduardo Arellano, académico de la Universidad Católica y coordinador de la iniciativa, quien les mostró los resultados del proyecto a los trabajadores del fundo donde se desarrolló una de las experiencias pilotos. “Esto que llevamos desarrollando desde hace tres años responde a una necesidad de conocer la biodiversidad dentro de los sistemas frutícolas de la Región de O’Higgins”, señala, detallando que para lograr ese objetivo se ejecutaron “levantamientos de la flora y fauna que existe en los campos, y a partir de eso, se establecieron recomendaciones de áreas que eventualmente se pueden intervenir y mejorar”.

¿Cómo se incorporó la biodiversidad a los procesos productivos?

Para materializar esta idea se implementaron distintas medidas. Una de ellas fue la integración de flora nativa a los campos, dentro de los que destacan el quillay, el espino y el huilmo, especies que aportan a la conservación biológica.

En el predio Maitenco de Subsole, en San Vicente, por ejemplo, se utilizó bordes de caminos, ubicados entre viñedos, para plantar estas variedades. También se utilizó un particular sistema para introducir fauna, instalando en postes y árboles, casas anideras para aves insectívoras controladoras de plagas, como las golondrinas chilenas, dando pie a al desarrollo de espacios recreacionales que contribuyen a mejorar la calidad de vida de los trabajadores.

“Dentro de las áreas que identificamos había deslindes, bordes de caminos o zonas de tranque, áreas no productivas que estaban semi abandonadas, donde se introdujeron especies nativas, herbáceas, arbóreas y arbustivas, que tuvieran alguna funcionalidad como buena floración, que atrajeran insectos polinizadores y que no generaran ningún riesgo para el cultivo”, detalla el Dr. Eduardo Arellano.

Estas técnicas, posibilitan además, la recuperación de servicios ecosistémicos, como la infiltración de agua, el control de sedimentos y la fijación de carbono.

La importancia de la vegetación nativa

La Dra. en Ecología de la Pontificia Universidad Católica, Rosanna Ginocchio, a cargo del área de Flora Nativa del proyecto, agrega cómo se desarrollaron estas medidas implementadas en el predio Maitenco. “Estamos sorprendidos que, en dos temporadas de crecimiento, esta vegetación haya podido desarrollarse y producir esta biomasa importante con una mantención bastante básica”, dice.

Mientras avanza por un corredor donde se plantaron arbustos del género Sophora, en el borde de un camino que separa los cuarteles, la investigadora describe que “todo esto que se ve arriba (indicando la superficie de las plantaciones) está además duplicado bajo el suelo y ahí hay beneficios importantes en la actividad microbiana, en hongos en bacterias, que son benéficos para estas plantas, pero eventualmente también para el sistema productivo (…) también han llegado aves, mariposas y abejas que polinizan, por lo tanto, ha aumentado la biodiversidad”, agrega.

La iniciativa, financiada por el Gobierno Regional de O’Higgins, a través del Fondo de Innovación para la Competitividad (FIC), también fue desarrollada en el predio Santa Teresa de Rancagua, gestión que estuvo apoyada desde su inicio por la empresa Subsole, una de las principales exportadoras de uva de mesa de la región. Su Gerente de Sustentabilidad, Andrea Araya, valoró la implementación de esta iniciativa en el fundo donde se integró el pilotaje y el impacto que este generará. “Como exportadora nos hacemos cargo de la preocupación que tienen los consumidores y nuestros clientes en distintas partes del mundo, especialmente en Europa, respecto a temas que son parte del entorno de la agricultura y uno muy importante, es el tema ambiental”, explica.

Araya señala que “una pregunta que varias veces nos hacían los clientes era cómo manejamos la biodiversidad en los campos (…) y es muy importante que puedas mostrarles que tomas en cuenta las preocupaciones de los consumidores. Así como tenemos que encargarnos del uso responsable de los plaguicidas y del bienestar de las personas, también es importante el medioambiente y sus componentes como la biodiversidad”.

Este proyecto finalizará con un seminario el próximo jueves 26 de abril a las 10 am en el Hotel Diego de Almagro de Rancagua, instancia en la que participarán los realizadores de la iniciativa, sus beneficiarios y autoridades regionales. Inscripciones en el link https://goo.gl/forms/iEni6DyfEVsEzO382 o enviando un correo a creyr@uc.cl

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